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Acerca de ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’

Notes on the Road
to 21st Century Socialism

Issue 2, March 2020

Acerca de ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’

Ying-sun Ho

En ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ (1ª edición de ¡Salir a Ganar!), el Equipo de Estudio de Organizaciones Sin Fines de Lucro y Estrategia Revolucionaria se esfuerza en examinar cómo les izquierdistas de movimientos sociales deberían evaluar su actividad dentro de formaciones sin fines de lucro (nota del traductor: para abreviar, se utilizará la denominación 501(c)(3) como equivalente al inglés “nonprofit” para estas organizaciones. Aunque existen otros tipos, este es el más común) y cómo deberían orientarse hacia tales formaciones en el futuro. La pregunta sobre qué tipos de organizaciones y entidades debemos construir y qué formas se prestan más a cada tipo, es importante y fascinante. Las formas difieren en su capacidad de acceder a diferentes tipos de recursos, la composición de clase que se puede esperar de cada una, su gama de actividades y obligaciones legales, y más asuntos de importancia estratégica potencial para quienes quieran transformar los sistemas político y económico. Una discusión plena y robusta de este tema sería esencial en nuestros esfuerzos por desarrollar estrategia coherente para la izquierda revolucionaria.

Desafortunadamente, ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ tiene un número de puntos débiles entrelazados que no solo lo hacen poco convincente, sino incluso incapaz avanzar una discusión plena y robusta. Quiero resaltar tres debilidades primarias y substantivas: una falta de rigor empírico; una falta de rigor teórico/conceptual; y una falta de fundamento histórico. En este proceso, trataré de ofrecer ejemplos de líneas de investigación que puedan ser más producentes en examinaciones futuras de estas preguntas.

RIGOR EMPÍRICO: SENTAR LAS BASES DEL ARGUMENTO

Uno de los problemas más obvios con ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ es que no ofrece apoyo empírico o evidencia para las afirmaciones sobre las que basa su argumento. No se trata de un error ocasional, sino que aparece consistentemente en todo el artículo.

Declaraciones como ‘sin una estampa de 501(c)(3), a veces les izquierdistas ideológices y activistas radicales se ven dejades a un lado’ no presentan ningún dato de apoyo. Las narrativas históricas sobre el desarrollo de la 501(c)(3) en EE. UU. (ej., p. 129) no citan fuentes y no dan ejemplos concretos. Aunque, sin duda, algunas afirmaciones son ciertas, algunas son falsas y se puede demostrar (ej., la clase propietaria no ‘capturó el poder del gobierno a partir de la década de 1970 (p. 130)). Hay muchas otras que se pueden cuestionar, y negarse a establecer la base factual de sus argumentos no beneficia en nada a les autores.

En el único intento real de fundamentar su análisis, el artículo se apoya en entrevistas con dos de les autores sobre sus ‘observaciones y experiencias tras trabajar en tres 501(c)(3)s de justicia social diferentes en California para crear un ‘estudio de caso’. Pero un estudio de caso real ciertamente incluiría más que anécdotas de una o dos de las personas que trabajaron en estas organizaciones. Incluiría una explicación de qué hacían estas organizaciones particulares y por qué podría ser instructivo examinarlas para pensar más ampliamente en las 501(c)(3) del movimiento social. Consideraría documentación interna y externa de lo que los grupos intentaban hacer y lo que hacían en realidad. Pero este ‘estudio de caso’ no incluye nada de ese tipo. No tenemos ningún motivo para pensar, por ejemplo, que estas son formaciones radicales que dicen desafiar al capitalismo de algún modo significativo y no grupos Alinskyistas liberales o proveedores de servicios. Esta información sería útil para pensar si bien y cómo les revolucionaries podrían ver la utilidad de estos ejemplos en su análisis y uso del formato 501(c)(3).

RIGOR TEÓRICO Y CONCEPTUAL: ANÁLISIS PROFUNDO SIN ATAJOS

Establecer un mejor fundamento factual sería útil, pero no salvaría ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ de su descuido conceptual y teórico. Mejor definición y despliegue de términos, referencias a algunos conceptos aplicables y marcos que hemos estado estudiando, y evitar intentos incómodos de aplicar teoría no relacionada podrían ayudar a que este artículo ilumine lo que podría ser una cuestión importante de formas organizacionales en un movimiento revolucionario.

Definir y aplicar términos

Obviamente, el concepto y categoría de la organización sin fines de lucro es clave en este tema, así como lo que les autores llaman el ‘Complejo Industrial de Organizaciones 501(c)(3)’ (NPIC por sus siglas en inglés). Desafortunadamente, la imprecisión de les autores en definir y aplicar estos términos resulta en una cascada de razonamiento descuidado. La confusión que resulta es importante porque existe una diferencia substantiva entre las posibles lecciones de estudiar, por ejemplo, explicita e intencionalmente las 501(c)(3) burguesas estrechamente alineadas con la clase política, y las que se puedan aprender de examinar las 501(c)(3) de base comunitaria fundadas y lideradas por internacionalistas revolucionaries. ¿Sería posible que estas últimas estén llenas de limitaciones estructurales que las hagan completamente inútiles para les socialistas? Es posible. Pero al negarse a definir el universo de organizaciones en consideración, les autores no presentan un argumento convincente de que sus observaciones y lecciones sean aplicables para la orientación de fuerzas socialistas conscientes hacia las 501(c)(3).

Miren a la decisión de les autores de definir un ‘sector’ e ‘industria’ económica por su estatus de impuestos. 1 En cada otra parte de la economía, estas palabras describen el trabajo actual de una empresa—‘sector automotriz’, ‘industria del entretenimiento’, etc. Sigue siendo cierto si la empresa es una corporación ‘S’, de un propietario único, o una LLC. Entonces, el ser exento de impuestos, por qué pone a Kaiser Permanente, a la Ópera de San Francisco y a Causa Justa/Just Cause, todos en el mismo sector o industria? Parece una pregunta obvia que merece exploración y no una simple afirmación.

Cuando sí que tratan de ser más específices, les autores siguen dejando sin respuesta preguntas básicas de definición y metodología. Afirman su intención de enfocarse en ‘las 501(c)(3) del movimiento social’—las que ‘describirían que su trabajo hace o apoya trabajo de organización comunitaria, justicia social, o cambio social’. Pero no definen estos términos, ni explican cómo determinaron si una organización está haciendo tal trabajo. No tenemos una idea clara de la constelación de entidades que el artículo trata de estudiar. De hecho, la única 501(c)(3) que nombra el artículo es el Center for American Progress, la cual poces activistas u organizadores del movimiento social llamarían una ‘501(c)(3) de movimiento social’.

Lo que pudo ser: Oportunidades perdidas de aplicar teoría relevante

Si bien o no les autores tuvieron en consideración un universo de organizaciones más claro, deberían haber interrogado sus observaciones de esas organizaciones rigorosamente. En vez de eso, perdieron la oportunidad de aplicar algunas herramientas conceptuales fundamentales que hemos estado estudiando, discutiendo, y desarrollando en LeftRoots para ayudar a entender esas observaciones en contexto. Resaltaré dos aquí: el ecosistema de movimiento y el enfoque de Gramsci a la sociedad civil.

En LeftRoots hemos hablado mucho de la noción de un ‘ecosistema de movimiento’—un conjunto de fuerzas interdependientes e interconectadas, cada una con un papel diferente que hace que el ecosistema entero funcione y prospere. Algunos de los roles que identificamos en un ecosistema sano de movimiento revolucionario incluyen organizaciones de desarrollo de base; organizaciones populares; colectivos de activistas; partidos políticos; instituciones de formación y capacitación; instituciones izquierdistas de medios y cultura; y organizaciones de cuadro. En particular, hemos resaltado la necesidad de organizaciones de cuadro (o ‘instrumentos políticos’) para proveer claridad analítica y dirección estratégica a formaciones que, de otro modo, tenderían a derivar a la derecha bajo la hegemonía burguesa. De haber considerado el asunto a través de este marco, les autores podrían haber examinado si la malformación del movimiento de izquierda actual en EE. UU. y la ausencia en particular de una organización de cuadro efectiva, es un factor clave en alguno de los fallos que observan en ‘las 501(c)(3) de movimiento social’. Habría sido más productivo interrogar si bien y cómo tales condiciones del movimiento podrían ser la causa, en lugar de simplemente suponer que cualquier limitación se deba al estatus de exención de impuestos. Del mismo modo, les autores no miran el liderazgo particular de ninguna de las organizaciones a las que aluden sin nombrarlas. ¿El liderazgo era comunista? ¿liberal? ¿pragmático? ¿pequeño burgués? Al no decirlo, el artículo pone en cuestión la utilidad de sus conclusiones sobre las condiciones particulares de socialistas que analizan u operan en 501(c)(3)s dentro de un ecosistema de movimiento de izquierda en desarrollo.

Aquí, sería instructivo mirar al ecosistema de movimiento en el Área de la Bahía de San Francisco a finales de los 1990 y principios de los 2000. En breve, en el Área de la Bahía hubo en ese tiempo una pequeña organización revolucionaria de cuadro llamada STORM (Standing Together to Organize a Revolutionary Movement), y varies STORMistas habían fundado 501(c)(3)s con roles distintos—formación y capacitación, campañas de activismo, desarrollo de base, servicios legales populares—y trabajaban con un nivel de colaboración entre ellas y con STORM. Estos cuadros comprendían que el formato de 501(c)(3) era una formación multiclase limitada con tendencias burguesas, y se orientaron explícitamente como internacionalistas revolucionaries al desarrollar estas formaciones. ¿Con qué resultado? Dinámicos movimientos locales juveniles-estudiantiles y de trabajadores de bajo sueldo—con las 501(c)(3) adyacentes a STORM desempeñando roles clave, particularmente para conectar con el público más amplio— que se convirtió en un modelo a nivel nacional, particularmente para el ‘activismo hip-hop’. Cuando STORM se disolvió en 2002, tuvo un gran impacto en el movimiento local, del que todavía se está recuperando. Y sin una presencia similar a STORM, muchos de los esfuerzos por replicar lo que ocurrió en el Área de la Bahía han fallado.

Sin embargo, les antigues STORMistas siguieron desarrollando sus 501(c)(3)s de movimientos sociales. Sin una organización de cuadro con la que colaborar, se encontraron con muchas barreras, pero lograron usar el liderazgo revolucionario para desarrollar la militancia de muchas personas que luego pudieron aplicar, con otres camaradas con quien habían conectado en previos años, para iniciar LeftRoots (que no es una 501(c)(3)) en 2013/2014.

Las condiciones del movimiento son importantes. No examinarlas indica un entendimiento mecánico (no-dialéctico) del formato 501(c)(3) que impide nuestro análisis. También es evidente el mismo punto de vista generalmente mecánico en la falta de discusión del enfoque de Gramsci a la sociedad civil. Gramsci propone que la sociedad civil es un campo clave —y dinámico—de lucha para les socialistas. Piensa que es de gran importancia estratégica que les socialistas ocupen el ‘poderoso sistema de fortalezas y reductos’ (la sociedad civil) que protegen al capital antes de pasar directamente a la contienda con el estado (que era ‘solamente una zanja periférica’). En nuestro contexto, las 501(c)(3) constituyen una parte clave de la sociedad civil en EE. UU., tienen obviamente un carácter multiclase, y son donde trabajan muches izquierdistas y progresistas de movimientos sociales. Les autores fácilmente podrían haber examinado este conjunto de formaciones como un espacio contencioso que necesitara liderazgo socialista explícito, intencional y estratégico. En su vez, optaron por un punto de vista completamente instrumentalista[1] en el que las 501(c)(3) son herramientas que las clases explotadoras usan contra el pueblo y los movimientos sociales, que actúan como objetos pasivos sujetos a la operación de estas herramientas. Esta decisión impide a este artículo rendir cuenta de ejemplos más emocionantes y efectivos de revolucionaries que operan dentro de estructuras 501(c)(3). [1] Les autores escriben que las 501(c)(3) tienen la ‘función …de aprovechar recursos para avanzar la ideología neoliberal y los intereses de la clase dominante en oposición a la liberación socialista’; que ‘desempeñan una función de control social’; que están ‘específicamente diseñadas para avanzar objetivos neoliberales…y afianzar las estructuras de gestión neoliberal’.

Cuando les autores sí intentan aplicar conceptos teóricos relevantes, a menudo el resultado es nebuloso y confuso. Su análisis de clase de las 501(c)(3) es interesante, y nos orienta hacia una dirección necesaria, pero está socavado por el descuido y una falta de especificidad. Cuando la definición de clase que usan les autores de ‘Creemos que Podemos Ganar’ se basa en la relación estructural de las personas y grupos a la creación, realización, y circulación de la plusvalía, les autores nunca discuten el origen del valor en las 501(c)(3) que examinan. No especifican si las relaciones de clase que proponen se conectan al valor creado en estas 501(c)(3); o si las 501(c)(3) ‘heredan’ esas relaciones de la economía política más amplia, o de las actividades de personas antes de entrar en las 501(c)(3); o si el análisis de clase es realmente una metáfora o una analogía de las relaciones de clase ‘reales’ en la economía política más amplia.

No toda la teoría es relevante

Más confusos son los intentos de aplicar teoría que simplemente es irrelevante al asunto. En puntos donde sería mejor para les autores dar más evidencia que apoye sus posiciones, invocan en su lugar teoría que, aunque impresionante e importante de por sí, no ilumina las cuestiones que les autores intentan explorar.

En la sección de ‘Orientación’, por ejemplo, les autores sugieren que el artículo es una expresión ‘del principio feminista negro de que lo personal es político’ porque se basa en sus experiencias vividas. Pero ese importante principio es una interrogación de la división conceptual entre las esferas pública y privada, y difícilmente se puede aplicar a una examinación de prácticas y experiencias en la economía formal . Declarar que el artículo es una manifestación de un principio (‘lo personal es político’) o de una tendencia política (‘feminismo negro’) muy respetada por la mayoría de la izquierda, especialmente cuando esa declaración no resiste al escrutinio, parece cinismo. Al tratar de ‘buscarles sentido a [sus] experiencias de hacer trabajo de movimiento social dentro de estructuras 501(c)(3)’, les autores se beneficiarían más de hacer estudios de caso de esas experiencias más a fondo y útiles. A su vez, aquí ‘lo personal es político’ se convierte en un atajo, una manera de tratar las experiencias individuales anecdóticas y atomizadas como algo generalizable sin hacer un análisis realmente rigoroso.

Luego, les autores tratan de usar algunos de los conceptos que hemos estudiado con LeftRoots en los escritos de Raymond Williams para apoyar su posición de que [el] NPIC produce las condiciones culturales e ideológicas que mantienen el capitalismo de monopolio racial a base de limitar la visión de la izquierda del movimiento social’. La crítica por Williams de la breve discusión de Marx sobre las actividades del fabricante de pianos y el pianista el brillante, pero importarla aquí es extraño e inefectivo. Williams hablaba de qué actividades humanas deberíamos comprender como ‘productivas’ y ‘materiales’ cuando pensemos en la base, superestructura, determinación, y conceptos relacionados. Pero les autores de ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ examinan el impacto de las actividades de trabajo mercantilizado de les trabajadores y sus relaciones formales con otras fuerzas de clase sobre la consciencia de les trabajadores. La crítica de Williams —dirigida a las personas que opinan que la práctica cultural e intelectual es irrelevante y simplemente refleja actividades y relaciones ‘industriales’ y ‘productivas’ subyacentes, y por lo tanto limitan sus imaginaciones estratégicas a ámbitos de producción formal de mercancías—no tiene relevancia. Yo preferiría haber leído una examinación de los argumentos de les autores más basada en evidencia, que aducen que las 501(c)(3) producen ‘las condiciones culturales e ideológicas que mantienen el capitalismo de monopolio racial.

La teoría desarrollada por las feministas negras, Raymond Williams, y otras grandes figuras intelectuales de la izquierda es importante e interesante, pero el intento de forzarla en un contexto no aplicable únicamente confunde y diluye un argumento.

FUNDAMENTO HISTÓRICO: COMPRENSIÓN DEL MOMENTO EN CONTEXTO

Finalmente, quiero hacer referencia breve a la orientación hacia la historia en ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’. Les autores ofrecen un breve esbozo histórico sobre la emergencia y desarrollo de las 501(c)(3) de movimientos sociales, pero no examinan la dialéctica o el desarrollo del posicionamiento de izquierdistas (e izquierdistas potenciales) en, y en relación con, las formaciones 501(c)(3) en este momento histórico particular. En su vez, este esbozo revela una concepción de la historia instrumental y mecánica en la que las 501(c)(3) son la fruta de un árbol envenenado, empresas contaminadas que nunca podrán escapar de su pecado original.

Esta concepción de la historia no solo es evidente en la discusión explícita del desarrollo de 501(c)(3) de movimientos sociales, sino que se incursiona incluso en afirmaciones pequeñas y aparentemente no-históricas.

Por ejemplo, les autores dicen que ‘[la] contradicción principal de hacer trabajo de movimiento social dentro de la estructura NPIC es que la clase capitalista no financiará su propia caída’. Esto elude el hecho de que cada revolución exitosa requiere algún tipo de recursos de elementos que traicionan a su clase explotadora.

Les autores caen en un problema similar al afirmar que las ‘herramientas y tecnologías nunca son neutrales en la ideología’ y, de forma relacionada, que la forma de 501(c)(3) es una herramienta ‘estructural e ideológicamente alineada con el capitalismo de monopolio racial’. Esto ignora que el sesgo práctico e ideológico de una herramienta (su no-neutralidad) es principalmente una función de cómo la usan las fuerzas humanas, no algo inherente a la naturaleza estática de la herramienta.

Dado que ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ tiene una concepción de la historia insuficientemente dialéctica, no logra explorar efectivamente cómo potenciar nuestro posicionamiento actual en el mundo real, y la moción histórica que nos situó aquí, para crear nuevas posibilidades de desarrollar un movimiento socialista victorioso.

CONCLUSIÓN

Les autores de ‘Las organizaciones sin fines de lucro son una herramienta del señor’ empezaron con un objetivo admirable: explorar las posibilidades y limitaciones del formato de 501(c)(3) para revolucionaries en EE. UU. Como indican les autores al principio del artículo, una gran proporción de les izquierdistas de movimientos sociales se concentran actualmente en el liderazgo y personal remunerado de organizaciones 501(c)(3). Por este motivo, un análisis robusto de estas cuestiones representaría una contribución importante a una conversación muy necesaria en la izquierda sobre las formas y funciones organizacionales en un ecosistema revolucionario. En este caso, el análisis debe ser más específico empíricamente, debe apoyarse en más teoría relevante, y necesita tener una concepción más dialéctica y estratégica de la historia. Tal como aparece, las debilidades del artículo lo hacen incapaz de avanzar esta conversación significativamente. Sin embargo, puede seguir siendo instructivo para LeftRoots en nuestro desarrollo de prácticas de pensamiento, debate, y escritura. Aunque este artículo particular no presenta su argumento efectivamente, nos presenta una imagen de lo que debemos hacer para producir análisis convincentes en el futuro.


 

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